sábado, 5 de marzo de 2011

A Divinis.

Capítulo XXI " Alocuciones".

El detective dejó en la celda a Mabel, y miró a los dos chicos antes de decidir cual de los dos entraría a hablar con la doctora. Después de un momento de vacilaciones, eligió a Alberto.
Después de seguir el camino que previamente habían llevado Ana y Mabel, llegaron a la sala y a la presencia de la doctora, la cual admiraba la luminosidad del día desde la silla donde estaba sentada, levantó la mirada para ver al muchacho y le indicó que se sentara.
-Nombre, dirección y edad.
-Alberto Lopes, calle del Tulipán negro y tengo dieciocho años.
-¿De donde sacaste el colgante que llevas?.
-Es un regalo de Mabel, por lo visto perteneció al hermano mellizo de su abuelo, el cual tenía otro. Según me dijo Mabel, su abuelo le contó que lo llevan los hombres de la familia cada dos generaciones. Tradición que viene desde antes de que el pueblo fuera pueblo.
-¿Qué le pasó al tío abuelo de Mabel?.
-Por lo visto murió una noche desgraciada de hace un montón de años, lo arrastro el desborde del río tras una tormenta de escándalo, la más densa jamás vivida en el pueblo. No encontraron el cuerpo, pero si el colgante que estaba al borde de un tremendo socavón provocado por la corriente.
-Cuéntame la visita a la caverna del cuerno.
-No hay mucho que contar, subimos toda la panda a pasar el día cumpliendo una tradición, parando en la fuente de las siete bocas y teniendo que esperar a mi cuñado y a su novia, que se habían parado a mear, en la entrada de la cueva. Decidimos entrar por separado, sería más divertido y encontraríamos antes al gran toro. Nosotros bajamos por la zona más lúgubre de la cueva, Mabel casi se cae dos veces y, al llegar al riachuelo, la parejita feliz se detuvo. Mabel y yo subimos a lo más alto de una roca y les llamamos desde ahí, cuando subieron decidimos descansar por que estábamos reventados, con lo que nos quedamos dormidos. Al despertar hacía un frío de pelotas, con perdón, y decidimos marcharnos. Al salir nos esperaban todos, nos fuimos de allí echando ostias, pero como siempre la parejita feliz se quedó atrás.
-Has dicho que hacía un frío espantoso, ¿verdad?.
-Si.
La incredulidad se dibujaba en los rostros de los dos investigadores, ninguno terminaba igual su historia.
-De acuerdo márchate, pero no te despistes por que te puedo volver a llamar.
Y fue devuelto a la celda junto a sus amigos, los cuales comentaban la situación entre extrañados y confundidos por la situación.
Ya solo quedaba un muchacho por declarar, pero las instrucciones de la doctora era esperar a poner en orden las notas tomadas de las otras conversaciones.
Marcus regresó a la sala solo, la doctora leía y releía las notas y se debatía en una gran duda.
-¿Porqué cada uno de los chicos a terminado la historia de la excursión de una manera diferente a los otros?.
-A lo mejor por que es así como hubieran deseado que acabara.-Sorprendió Marcus.
-Pero, ¿porqué razón?,¿qué ocultan?.
-Eso, si lo saben, solo lo saben ellos.-Recordó la frase que le dijo uno de sus amigos.
-Una cosa esta clara, ya sabemos de donde ha salido el otro colgante y, si no me equivoco, tiene esto mucho que ver con los dibujos de la cueva que encontramos. Por cierto, ¿han regresado con el revelado de las fotos?.
-No, pero no tardarán mucho.-Aclaró Marcus.
-Hay que hacer recapitulación de todo lo que tenemos, ¿tendrá que ayudarme?.
-Para eso estamos doctora, recuerde que también estoy metido en el ajo.




-Hace ochenta años ocurrió una situación similar que la que ahora nos ocupa. Un incendio donde antaño había un sendero, llamado del toro, por donde pastaban los bovinos, y donde en nuestros días esta el parque de las tetas y el cine al aire libre. Por aquel entonces apareció de la nada un edificio que, extrañamente, no ardió en el fuego, pero ahora el mismo edificio a perecido pasto de las llamas.
Hace ochenta años alguien declaró que vió a cuatro o cinco personas rondar, momentos antes del incendio y, ahora, tenemos a cuatro chicos en la celda involucrados. En aquellos días asoló al pueblo una inmensa tormenta jamás vivida en la comarca, puede ser la misma que se llevó al tío abuelo de los chicos Gomes. Este hombre era mellizo del abuelo de nuestros chicos y poseía un colgante que ha heredado, dos generaciones después, Mabel. La cual se lo regaló a su novio por que , según su abuelo, solo lo podían llevar los hombres de la familia. Eso quiere decir que el abuelo tenía otro, y se lo regaló a su nieto.
-Dos generaciones de Gomes Madeira, separados por ochenta años, y que viven una situación similar. Un momento, ninguno nos ha hablado de las pesadillas que tuvieron después de subir a la gruta.-Intervino Marcus.
-Cierto, pero de momento sigamos. Tenemos que saber que les ocurrió dentro de la cueva, lo que hicieron en el parque y que, o quien, les llevó a hacerlo.
-Detective,-interrumpió Ramírez.-,acaban de llegar las fotos.
-Pásemelas.
En las fotos se podía ver el desprendimiento de rocas de la entrada, el trozo de vaquero y las gotas de sangre reseca. Se podía ver las huellas al separarse en el riachuelo y las marcas dejadas en la escalada a lo alto de la pared. Allí se podía contemplar las pintadas echas con cenizas, la hoguera con los dos medallones enfrentados y la extraña dama presidiendo el acto y, más atrás, la sombra de una bestia. Solo había una inscripción, estaba escrita en latín y con letras lóbregas y decía: "A dívinis". En una de las fotos se podía ver restos de algo parecido a polvillo producido por la extinción, después de años, de un fuego. Y en la bóveda de la cueva se abría un ligero agujero, por el cual entraba una tenue luz, los bordes de esta abertura estaban teñidos de negro.
-Aquí pasó algo, pero me da la sensación de que los chavales no encendieron ningún fuego en la cueva. Además, todos coinciden en que cuando llegaron arriba se quedaron dormidos, aunque cada uno termina la historia de una manera.-Afirmó Marcus.
-Creo que tienes razón, va siendo hora de llamar a nuestro último chico.
Marcus salió de la estancia lentamente, se encendió uno de sus cigarros extranjeros y exhaló el humo haciendo circulitos, entró en la zona de celdas y abrió la puerta en la que se encontraban los dos muchachos y sacó de ella al único que no había declarado.
Desfilando por el pasillo famoso, llegaron a la sala. Donde la doctora seguía visionando las fotos de la cueva, miró al chico y le señaló la silla donde habría de sentarse.
-Nombre y edad.
-A.D. Gomes Madeira, dieciocho años.
- Eso quiere decir que tú y tu hermana sois...
-Mellizos.-Interrumpió el chico.
-¿Qué significan las siglas A.D.?.-Intervino Marcus.
-No tengo ni la menor idea, por lo visto fue idea de mi abuelo. El se llamaba C.D.
-Cosas más raras se han visto.-Intervino la doctora.-Cuéntame la visita a la
cueva.
-Nada especial que contar. Subimos a la cueva, nos separamos al entrar y, mi grupo, bajamos hasta el riachuelo. Allí besé a mi novia mientras Alberto y mi hermana subían a lo alto de una roca, subimos con ellos y descansamos. Nos quedamos dormidos y al despertar decidimos salir y, cuando legábamos a la salida, una roca enorme se desprendió del techo y nos hizo resbalar. Cuando salimos los otros estaban esperando, se fueron muy deprisa y Ana y yo decidimos bajar andando. Nada especial, ya se lo he dicho.

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